• Charla del aniversario de Gyalwang Karmapa

Oct
12
Charla del aniversario de Gyalwang Karmapa

Quiero dar las gracias a todos por venir hoy a celebrar mi cumpleaños oficial. El nacimiento es el comienzo de la vida; es una ventana por la que vemos el mundo y realizamos nuestro potencial único. Nuestro cumpleaños es una fecha para recordar el amor y la bondad de todos aquellos que están implicados en mantenernos vivos, tales como nuestros padres, otros miembros de la familia, amigos, maestros y toda la sociedad y el medio ambiente en el cual existimos. En tanto que budistas, creemos que toda vida está interrelacionada y es interdependiente: porque existimos, otros existen y porque otros existen, nosotros existimos. Toda vida no tiene precio y es igualmente valiosa. En cuanto al tamaño, es un error pensar que sólo porque un elefante es grande, su vida vale más que la de una hormiga. Aunque hay distintas formas, sus vidas son igual de importantes. Cada criatura viva tiene su lugar único dentro del medio ambiente y es irreemplazable.

Ahora quiero explicar una historia. Nací hace veinticinco años en un hogar remoto del Tíbet; ese niño mocoso sólo tenía caramelos una vez al año, pero creció en un mandala de tanto cariño y afecto dentro de su familia, que nunca echó de menos los caramelos. Quizá parezca extraño. En la calidez de su familia aprendió a ser un ser humano responsable. ¿Qué entraña esa responsabilidad? Significa pensar no solo en uno mismo, sino amar y cuidar de los demás. Mi abuela era ciega; aunque estaba discapacitada y no se podía mover por ahí sola, siempre estaba contenta y tenía una gran sonrisa en la cara. Se sentaba allí, en la puerta de la tienda y hacía girar el molino de oraciones y recitaba el mantra de Chenresig en beneficio de todos los seres. Siempre parecía más feliz que el resto de nosotros. Mi abuela me enseñó la primera lección de cómo ser feliz de verdad.

He tenido unos padres tan bondadosos, que fueron mis primeros maestros espirituales. Nos enseñaron de niños a respetar la vida y a evitar dañar incluso al insecto más pequeño. Un día mi hermana y yo no tuvimos cuidado y matamos a un pájaro hembra, por lo que pasamos el resto del día construyendo stupas y dedicando el mérito a ese pájaro. Ni siquiera paramos para comer y colocamos su cuerpo en una de las stupas. Sea como fuere, me fui de casa con siete años y salí del Tíbet cuando tenía catorce y ahora tengo veinticinco . La distancia física entre mis padres y yo es mayor que nunca y, sin embargo, cada día aún recuerdo su amor bondadoso y generosidad y mis sentimientos de gratitud y mi cariño por ellos aumentan a diario. Ahora me siento más cerca de ellos de lo que nunca me he sentido antes y por eso quiero dedicar este cumpleaños en gratitud a ellos.

Buda dice que todos los seres han sido nuestros padres en algún momento y cuando lo fueron, nos dieron la vida y las condiciones para mantener dicha vida. Es importante recordar que nuestros enemigos de esta vida pueden haber sido nuestros padres en muchas vidas anteriores. Una persona puede tener muchas clases diferentes de padres en una vida, es decir, los padres que te dan dado este cuerpo, los que te han cuidado, los que te han beneficiado. Pienso que yo también he tenido muchos padres distintos. Cuando fui al monasterio de Tsurphu, dejé a mis padres de nacimiento, pero mis ayudantes fueron como mis padres, y mis maestros, aunque a veces me pegaran. Mi padre y mi madre me visitaban alguna vez en el monasterio y siempre me decían que considerara a esos ayudantes y maestros mis segundos padres, pero a veces me costaba aceptarlo y tuve que aprender. (…)

Tengo muchos amigos dhármicos, compañeros y amigos del dharma que recorren grandes distancias para visitarme y mostrar su amor y confianza, tanto antes en el Tíbet como ahora en la India. Me siento muy cerca de ellos y siento gratitud por ellos. El día en que me convertí en Karmapa perdí mi autonomía personal y tuve que cargar con una gran responsabilidad acompañada de mucho estrés y presión, pero como muchas personas vienen a verme, su amor, preocupación, fe y la confianza que me muestran son una fuente de fuerza interior y me da una nueva dirección y un propósito real en la vida. Ellos también son mis segundos padres y me dan mucho amor y me cuidan.

Hay muchas razones por las que la tierra en la cual vivimos constituye un tercer tipo de padres: nuestra amable madre que beneficia a todo lo vivo y proporciona la fuerza y los recursos de la vida en sí misma. En mi cumpleaños no debo pensar solo en mí y sumergirme en mis logros de los últimos años, de las últimas décadas o incluso de los últimos veinticinco años, sino que debo reflexionar en por qué existo y cuál es el propósito de mi vida. Todavía estoy en el proceso de aprender y reflexionar, pero el amor y la bondad inconmensurables que los demás me han mostrado ya me ha sobrecogido. He recibido mucho más de lo que he sido capaz de dar.

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